Que un perro o un gato deje de comer es una de las señales más claras de que algo está pasando en su cuerpo o en su entorno. A diferencia de nosotros, que podemos saltearnos una comida por falta de tiempo o calor, en los animales la falta de apetito (conocida como hiporexia o anorexia veterinaria) suele ser un llamado de atención. Conocer los motivos detrás de este comportamiento te va a ayudar a actuar a tiempo antes de que afecte sus defensas.
Cuando una mascota rechaza su comida, las razones pueden dividirse en tres grandes grupos:
- Problemas de salud (Causas médicas): Es la razón más importante que debemos descartar. El dolor físico, la fiebre, los problemas gastrointestinales (como parásitos o gastritis), las infecciones o enfermedades en órganos internos (riñones, hígado) suelen quitarles las ganas de comer por completo.
- Dolor o molestias en la boca: Muchas veces el animal tiene hambre pero no puede masticar. La acumulación de sarro extremo, encías inflamadas, infecciones dentales o tener un objeto clavado en el paladar o la lengua (como una astilla o un hueso) hacen que rechacen el plato.
- Factores ambientales y emocionales: El estrés por una mudanza, la llegada de un nuevo integrante a la familia, el cambio brusco de marca de alimento balanceado o incluso los días de calor extremo en verano pueden alterar su rutina alimentaria.
- ¿Y si es solo capricho? A veces, si les damos comida casera o premios muy seguido, los animales se vuelven selectivos y "hacen huelga de hambre" esperando recibir algo más rico que su alimento habitual.
¿Cuándo es una urgencia? Si tu mascota pasa más de 24 horas sin probar bocado, si es un cachorro o un animal muy viejito, o si la falta de apetito viene acompañada de síntomas como vómitos, diarrea, fiebre o decaimiento extremo, la consulta con el veterinario no puede postergarse. Especialmente en los gatos, pasar varios días sin comer puede causarles un daño hepático severo.
El apetito es el termómetro de la salud de tu compañero. Si notás que dejó de comer y no sabés por qué, lo mejor es dejar el diagnóstico en manos de profesionales y evitar forzarlo o automedicarlo.
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